Las cartillas de racionamiento en 1950

Todos los que hemos leído algo de historia, de la Historia de España concretamente sabemos qué pasó después de la Guerra Civil (1936-1939), cuando todo el país quedó sumergido en el estraperlo (el mercado negro) y las Cartillas de Racionamiento... y con todo ello llegó el hambre.

En 1940 en Santillana del Mar (que según el dicho... ni es santa, ni llana, ni tiene mar), en Cantabria, norte de España, había más vacas que habitantes; más concretamente existían 5800 vacas con una población de 5000 habitantes. De esa ciudad salían diariamente cientos de camiones repletos de leche que intentaba paliar la hambruna de miles de personas que no tenían nada de comer. Y menos aún los niños pequeños.

La guerra civil ya había terminado y el mercado de suministros, el oficial, era un completo caos donde faltaba de todo. El miedo era la pauta común a todos los españoles, ya que las venganzas estaban a la orden del día; las denuncias por rivalidades vecinales eran contínuas y las delaciones por cualquier hecho, real o inventado, llevaban a las gentes a prisión e incluso a la muerte. Los vencedores se tomaban la justicia y los vencidos bastante hacían con intentar no morir en el intento de vivir. El gobierno franquista mientras tanto se empleaba con esmero en mandar grandes cantidades de productos a la Alemania nazi, sin importarle lo más mínimo que la población española muriera de hambre, algo que por el contrario no sucedía a quienes ostentaban algún cargo del régimen, quienes recibían alimentos y prebendas como pago por los servicios prestados... durante la guerra.

Y quienes manejaban los hilos del mercado negro, se hacían ricos.

Pero volvamos al tema de la leche. Un litro costaba 1,90 pesetas, cantidad que consta reflejada en varios documentos oficiales de la época, pero en cambio en los mercados de Madrid (España) el precio, bajo orden de venta obligada, era de 1,10 pesetas. (1 euros = 160 pesetas). Está claro que era un precio de venta imposible, puesto que a simple vista se ve que se perdía, por litro, 0,80 pesetas. ¿Cuál era la solución que la mayoría de los vendedores inventaron?. Aguar la leche, o lo que es lo mismo: mezclarla con agua añadiendo además que solamente era posible encontrarla en el estraperlo (mercado negro), con lo que nunca se mantenía el precio obligado de 1,10 pesetas.

Si se miran las crónicas de esos años se lee que había mucha leche en polvo, de un extraño color ceniza, que no tenía nada que ver ni con la leche ni con las vacas. Pero lo peor se lo llevaban las capitales de provincia, alejadas de los centros agrícolas, y donde ni siquiera en el mercado negro se encontraba leche.

Hay una historia que conozco de forma personal desde hace muchos años y que paso a contar a continuación.

Una joven madre amamanta a su hijo pero pronto surgen problemas sobre la calidad de su leche, debido principalmente a la mala alimentación que se extiende en el tiempo; el pequeño empieza a perder peso y el médico que atiende a madre e hijo recomienda que la chica tome "leche pura de vaca". El problema es dónde encontrarla... después ya veremos con qué se paga... Estamos en el año 1950 y aunque parezca imposible (la guerra terminó en 1939), las Cartillas de Racionamiento aún existen y apenas sirven para alimentar a un adulto. Y es entonces cuando el médico, conocedor del problema que existe en la calle, propone que él firmará un papel donde constará que la madre se había quedado sin leche y por tanto sin posibilidad de amamantar, por lo que el pequeño morirá si no se le alimenta; con ese documento el pequeño obtendrá su propia Cartilla... y su dosis de leche... que tomará la madre para poder seguir amamantándole.

Lo gracioso de esta historia, real, es que yendo el padre a la cola del racionamiento con la Cartilla de su hijo en la mano, se encuentra con que el pequeño también tiene derecho a un trozo de pan y un pequeño cuenco de azúcar. Es de imaginar la alegría con que ese hombre llegó a su casa. El crío apenas tenía un mes... y sobrevivió a toda aquella penuria.



Cola de racionamiento


Comentarios

Publicar un comentario

Volver a "El rincón de Chesana".