El rey que nunca fue Príncipe de Asturias

Aunque parezca imposible Juan Carlos I de Borbón, penúltimo rey de España (y actualmente rey emérito por la gracia de su hijo), nunca fue Príncipe de Asturias, título que se otorga al legítimo heredero al trono español.

Juan Carlos era hijo de Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII quien terminó su reinado en el exilio dorado de Roma (Italia). Por ello en aquella época el Príncipe de Asturias era su hijo Juan ante la renuncia forzada de Jaime de Borbón (padre de Alfonso, duque de Cádiz, esposo de la nieta de Franco) al ser éste sordomudo. Con todo ello Juan de Borbón fue el último rey no proclamado ni coronado al morir su padre, ya que Franco primero y su hijo después, se saltaron el orden sucesorio.

Francisco Franco, instigador del golpe de estado que provocó el derrocamiento del gobierno de la II República Española y de la guerra civil que asoló el país durante tres años, decidió que su "heredero" sería el nieto de Alfonso XIII, Juan Carlos de Borbón y Borbón. Posiblemente este hecho fue provocado en primer lugar por las desavenencias irreconciliables que el dictador tenía con Juan de Borbón y Batenberg, y en segundo término porque quería modelar al joven príncipe a su antojo.

Pero como Franco no podía nombrar a Juan Carlos Príncipe de Asturias... porque no lo era, se inventó el título de Príncipe de España. Y el que más tarde fue rey de España... lo aceptó. Juan Carlos I fue proclamado, antes las cortes españolas y a la muerte del dictador, el 22 de noviembre de 1975, heredero legítimo de la monarquía española... y heredero del legado de Franco... y por lo tanto rey de todos los españoles.

Pero realmente, al menos de forma moral y ética, el rey no fue rey hasta que su padre Juan de Borbón renunció a sus derechos dinásticos oficialmente, a favor de su hijo, el 14 de mayo de 1977.

Y toda esa historia terminó un día en el que Juan Carlos I, de caza en un lejano país, tropezó rompiéndose la cadera y teniendo que ser trasladado de urgencia a España... mientras su país, inmerso en la mayor crisis económica sufrida, con unos recortes sociales brutales, creía que el monarca permanecía despierto y trabajando hasta altas horas de la noche... porque alguien se encargaba de encender la luz de su habitación. Ello le costó abdicar en su hijo Felipe VI, precio que no parece haberle afectado demasiado personalmente.


Juan Carlos I

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