La apóstol Junia

El Papa Bonifacio VIII era de la opinión de que a todas las religiosas de la iglesia católica había que protegerlas de los peligros del mundo exterior, por ello en el año 1298 d.C decretó que se convirtieran en monjas de clausura.

El apóstol san Pablo cita en una de sus cartas a una mujer llamada Iounia que traducido del griego resulta Junia, nombre femenino muy habitual en aquella época. Cuando los romanos encarcelaron al apóstol, apresaron también a una mujer de ese nombre y a quien al parecer daban el mismo trato y categoría que a Pablo, lo cual no era muy habitual en aquellos tiempos... porque era una mujer.

Volviendo al decreto papal: el arzobispo de Bourges que era en realidad quien escribía dichos decretos, decidió sin consultar con nadie ni pedir permiso que la Junia mencionada por el apóstol Pablo no podía ser una mujer, ya que se hacía hincapié en los textos epistolares que era una persona influyente... y eso, según su eminencia, no podía ser. Así que añadió una "s" al nombre para masculinizarlo: Junias. Está claro que la iglesia católica no ha cambiado mucho sus esquemas en cuanto a que la mujer esté siempre bajo el yugo del varón. Lo que no sabía el arzobispo es que se acababa de inventar el nombre de Junias, ya que jamás existió; solamente hay constancia de Junia y como nombre femenino.

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