Carmen Díez de Rivera e Icaza

Ni su vida ni quién fue es algo que conoció el gran público; sólo años después de su muerte su figura ha adquirido la importancia que tuvo en su época, y sobre todo ha levantado el morbo de gentes que nunca antes habían oído hablar de esta mujer, sin la que posiblemente la política española hubiera sido otra cosa.

Siendo el que más tarde sería el primer Presidente del Gobierno de España director de Radio Televisión Española (la actual RTVE) se conocieron, y siguieron juntos profesionalmente hasta que Adolfo Suárez llegó a la Moncloa (residencia oficial del mandatario).

Hija oficial de Francisco Díez de Rivera, marqués de Llanzol, y de la aristócrata Sonsoles de Icaza a quienes separaban veinticuatro años de edad. Se habían casado en 1936. Después de tener tres hijos se cruzó en la vida de la joven marquesa Ramón Serrano Súñer, que en aquel 1942 aún gozaba del favor de su cuñado el dictador Francisco Franco. Serrano Súñer estaba casado con la hermana de Carmen Polo, esposa de Franco.

La pareja tuvo una hija que nació el 29 de agosto de 1942 y a la que llamaron Carmen. El marqués posiblemente presionado para evitar un escándalo, reconoció a esa niña como suya. El matrimonio de los marqueses de Llanzol nunca se separó y siguieron manteniendo un estado de convivencia cara al exterior, aunque nunca se consiguieron evitar ciertos comentarios en la sociedad en la que se movían, porque la última hija del matrimonio había nacido completamente distinta en cuanto a su aspecto físico al resto de los hermanos... y con un extraordinario parecido a su padre no oficial. Serrano Súñer era un hombre atractivo, mujeriego, que no se privaba de conquistas que eran tapadas una tras otra por el régimen franquista; físicamente a sus 39 años era rubio y con unos apasionados ojos azules. Carmen Díez de Rivera era rubia, con unos potentes ojos azules... y con un gran parecido con sus "hermanos" de padre...

Posiblemente nada de todo lo anterior hubiera transcendido al gran público de no ser por lo que algunos años más tarde pasó, y que parece más propio de una novela folletinesca que de otra cosa.

Carmen tenía ya 17 años cuando se enamoró perdidamente de un chico. Ambos mantuvieron en secreto durante algún tiempo, sobre todo por la juventud de la joven. Hasta que un día algún conocido les "pilló" y conociendo la historia antes contada, tuvo que comunicar el hecho a las familias, ya que había un gravísimo problema: el protagonista de esa iniciada historia de amor era... uno de los hijos legítimos de Serrano Súñer. Ambos jóvenes por tanto -algo que ninguno de los dos sabía- eran hermanos de padre.

Carmen se vio desbordada por la noticia y por el engaño en que había vivido siempre. Primero ingresó en un convento y más tarde se fue como cooperante a África. Cuando por fin volvió a España, conoció a Adolfo Suárez e decidió que nada ni nadie influiría en su vida personal o profesional. Su madre, una mujer perteneciente a la aristocracia española y no compartiendo las ideas liberales de su hija... la echó de casa.

Fue nombrada (por Suárez) en 1976 Directora del Gabinete del Presidente del Gobierno. Fue clave su influencia en cuanto a legalizar al Partido Comunista de España, por cuanto consideraba indispensable esa legalización para reafirmar la incipiente democracia española, apenas cogida entonces con las yemas de los dedos. Más tarde fue elegida como eurodiputada, cargo que tuvo que abandonar al serle detectado un cáncer de mama en 1999.

A pesar de las frecuentes revisiones a las que se sometía Carmen, persona muy preocupada siempre por su salud, en enero de ese 1999 un oncólogo español tuvo el desliz de no ver que el cáncer descubierto hacía apenas días avanzaba galopante con una enorme metástasis. En un principio se le dio un 80% de posibilidades de que todo saliera bien, hasta que unos meses después descubrieron la metástasis omitida y que ya había invadido órganos principales.

Un mes antes de morir y cuando su amiga la escritora Ana Romero estaba escribiendo lo que luego serían sus Memorias (las de Carmen), y negándose a admitir lo que ya era inevitable, le mandó una cinta con lo que en aquel momento eran sus pensamientos. Uno de los últimos fue:

Porque cada mañana, cuando ahora me levanto, intento convencerme de que tengo que vivir como si fuera el último día de mi existencia.

Murió ese mismo año de 1999, el 29 de noviembre. Tenía 57 años.



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